Maneras de abordar el Sarampión

Usualmente el Sarampión se diagnostica utilizando como referencia sus síntomas clínicos y el tratamiento está orientado a atenuar los síntomas adversos producidos por la enfermedad, ya que esta tiende a desaparecer luego de algunos días sin presentar mayores complicaciones, aunque existe la posibilidad de que en algunos casos podría complicarse por infecciones secundarias debido a un mal funcionamiento del sistema inmune o en situaciones en las que el enfermo no dispusiese de las condiciones sanitarias o higiénicas adecuadas, por lo que podría evitarse mediante algunos remedios caseros como lo son:

Cebolla caliente: Si se quiere hacer uso de esta técnica, deberá colocarse una cebolla sobre el fuego para que esta se pueda quemar un poco, se debe resaltar que una vez que suceda esto, se necesita esperar a que se encuentre tibia para no infringir quemaduras, y posteriormente,  frotar la cebolla sobre todo el cuerpo afectado, lo cual aliviara el malestar del sarampión.

Jengibre: Es uno de los remedios más populares, aplicar compresas empapadas de cocción de raíz de jengibre por las heridas efectuadas por la enfermedad, ayudará a calmar el dolor y la picazón.

Aceite de Onagra, Rosa Mosqueta o Áloe vera: Estos tres productos son principales generadores de cicatrización inmediata, o al menos ayuda a acelerarla. Si se aplica alguno de estos productos en los granitos procedentes de la enfermedad, ayudará a prevenir las cicatrices que se puedan producir por la erupción cutánea.

Infusión de Manzanilla: Es recomendable hacer uso de una cantidad mayor de ramas de manzanilla de las habituales, para colocarlas en agua caliente, dejándolas actuar. Una vez esto, conforme se tengan en una temperatura templada, deberá pasarse sobre las manchas del cuerpo. Esto debe hacerse cada vez que se tenga una sensación de picores o ardor.

Avena: Entre tantas propiedades beneficiosas de las hojuelas de avena, se encuentra el remedio para evitar las manchas, piquiñas, molestias y dolor que deja el sarampión en su fase más difícil comúnmente vivida. Mezclar 2 tazas de harina de avena con el agua de la bañera todos los días y bañarse con la mezcla permaneciendo dentro de ella durante 20 minutos, ayudará a calmar y relajar los picores y las erupciones que se tengan en la piel.

Cúrcuma: Para aumentar la inmunidad del organismo durante la recuperación de la enfermedad, preparar polvo de cúrcuma mezclado con leche o miel de abejas ayudará significativamente. Para los niños pequeños, es recomendable remplazar la cúrcuma con regaliz en polvo, que a la final producirá el mismo resultado.

Con estos remedios caseros, y siguiendo siempre las instrucciones del médico al pie de la letra, se tiene por seguro poder atravesar la enfermedad sin ningún tipo de problema.

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