¿Conoces el “síndrome” de los compañeros de piso?

síndrome de los compañeros de piso
Cuando una relación avanza, suele suceder que lo que era excitante, emocionante y generaba intriga, pasa a ser cómodo, estable y predecible.

El estancamiento emocional en el ámbito del matrimonio o el noviazgo es uno de los motivos habituales de consulta de quienes acuden al psicólogo, ya sea en sesiones de psicoterapia individualizada o de terapia de pareja.

Sin embargo, la mayoría de las personas que experimentan ese fenómeno no son capaces de ponerle palabras que definan bien lo que sienten, y tienden a dar explicaciones muy abstractas o incluso confusas y poco coherentes a ratos. Es normal que esto ocurra: el amor es una vivencia basada en las emociones y que no está hecha para ser limitada por el uso del lenguaje o de la lógica, sobre todo si no se tiene formación en psicología.

De este modo, frases como “me siento un compañero de piso con mi pareja” son habituales, así como “simplemente estoy con mi pareja y nada más” o “nos hemos acostumbrado el uno al otro y ya no esperamos nada”. En este artículo haremos un repaso a las características generales de este tipo de experiencias, y a sus posibles soluciones o estrategias para superarlas.

Cuando la convivencia en pareja se transforma en aburrimiento

parejas sin sexo
Muchas veces lo que hay detrás de una pareja sin sexo o con el «síndrome de compañeros de piso», no es tanto la incompatibilidad, sino más bien una serie de hábitos adoptados inconscientemente por ambos a la hora de interactuar con el otro.

Muchas veces se habla del amor como el núcleo de las relaciones de pareja, y en parte, es cierto que lo es. Sin embargo, el hecho considerar que un matrimonio o noviazgo se sostiene en un elemento claramente delimitable al cual llamamos “amor” y sobre el cual se erige toda la relación nos expone a un problema: las emociones cambian, evolucionan, y con ellas también lo hace el vínculo afectivo, para bien o para mal.

Dicho de otro modo, está claro que el amor es muy importante al establecer una relación de pareja, pero bajo este concepto hay en realidad un flujo de afectos, sentimientos y emociones intensas que nos unen a esa persona, y este se va transformando a medida que esa relación va pasando por distintas fases. Lo que sentimos por esa persona tras dos años de noviazgo no es lo mismo que el enamoramiento de las primeras semanas, y la convivencia de los primeros días bajo un mismo techo se parece poco a quienes ya han formado una nueva unidad familiar junto al otro.

Nada de esto implica que la relación de pareja tenga por qué ir siempre de abajo hacia arriba en lo que a satisfacción y felicidad se refiere, pero el hecho es que algunas personas notan que pasados unos meses o varios años, esa convivencia pasa a ser simple rutina, el hecho de saber que la otra persona vive con nosotros, sin más. Por uno u otro motivo, en ciertos casos la relación llega a una fase de estancamiento en la que predomina el aburrimiento o incluso la frustración por no sentir interés en hacer cosas juntos.

Esto no tiene por qué indicar que esa relación no tiene razón de ser; muchas veces, lo que está detrás de esa experiencia no es tanto la incompatibilidad con esa persona, sino más bien una serie de hábitos adoptados inconscientemente por ambos a la hora de interactuar con el otro, y que pueden ser “desaprendidos” para hacer que la relación vuelva a ser satisfactoria, y no simplemente tolerable.

Posibles causas del estancamiento emocional en pareja

Aunque cada relación es única, por lo general hay una serie de situaciones que tienen una gran capacidad para producir esa sensación de estar “conviviendo con nuestra pareja” sin más. Son las siguientes:

  • Estrés laboral
  • Falta de sueño
  • Incompatibilidades horarias
  • Falta de hábitos de ocio por falta de amigos en común o desconocimiento del entorno (por ejemplo, tras una mudanza)
  • Mala gestión de las discusiones
  • Incapacidad de abordar ciertos temas tabú que lastran la relación y la comunicación en esta

¿Qué se puede hacer?

Tal y como hemos visto, allí donde algunos tan solo verían el final dramático de una relación amorosa, desencadenado por carencias en la esencia de ese amor, pueden esconderse variables psicosociales relativamente banales, pero que con el paso de los días pueden ir acumulándose e ir generando un ambiente enrarecido y en el que predominan la pasividad la apatía. O incluso problemas de tipo psicopatológicos, sobre todo en el área de los trastornos del estado de ánimo.

En todo caso, la mejor manera de abordar estos casos (y la única, en el caso de los trastornos psicológicos) es acudir a un especialista de la psicoterapia. En la consulta del psicólogo es posible contar con un profesional que realiza un diagnóstico ajustado a cada caso concreto, y que propone soluciones adaptadas para cada persona y pareja.

Así, tanto desde la terapia individualizada como desde la terapia de pareja, las personas van aprendiendo maneras de gestionar las emociones negativas, pautas de comunicación eficaz y asertiva, maneras de mantener la mente activa y en constante interacción con el entorno (y con los demás), y otras maneras de tener una mejor predisposición para detectar las potenciales fuentes de incentivos de esa relación amorosa, y de sacarles partido.

En concreto, desde la psicología cognitivo-conductual se trabaja para que las personas modifiquen sus patrones de comportamiento empezando por modificar y mejorar su marco de interpretación de lo que ocurre en su relación de pareja, es decir, el conjunto de creencias e ideas desde el cual extraen un significado a lo que les ocurre estando junto a la otra persona. De este modo, se logra adoptar una mentalidad más constructiva y proclive a detectar oportunidades o incluso proyectos prometedores a realizar juntos, así como mejorar la comunicación entre ambos.


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Información vía Psicología y Mente