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Secuelas por COVID-19 podrían durar más que la pandemia

secuelas del covid
El covid-19 ha dejado una amalgama de secuelas de distinta intensidad que compromete el día a día de muchos pacientes.

Apenas un vistazo al gimnasio del centro de neurorrehabilitación Guttmann de Barcelona basta para esbozar una panorámica de lo que ha dejado tras de sí un año de pandemia. Unas mamparas de plástico numeradas y con tomas de oxígeno dividen la sala y recuerdan los días más aciagos de la crisis sanitaria, cuando se habilitó el gimnasio con camas de hospitalización por si colapsaban los recursos disponibles. Los biombos y el circuito de oxígeno siguen ahí, por si acaso. Pero entre ellos hay colchonetas, camillas y aparatos de rehabilitación.

Además de la amenaza de una cuarta ola, la enfermedad ha dejado una amalgama de secuelas de distinta intensidad que compromete el día a día de muchos pacientes. El Observatorio Europeo de Sistemas y Políticas de Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que una cuarta parte de los infectados continúa con síntomas hasta un mes después del diagnóstico y un 10% sigue afectado 12 semanas después. Los sanitarios alertan de que faltan recursos de rehabilitación para atender la demanda creciente.

La enfermedad no se acaba con su curación. No hay un patrón claro de los perfiles más susceptibles a las secuelas, aunque la gravedad de la enfermedad influye. Aquellas personas que han estado hospitalizadas, sobre todo en cuidados intensivos (UCI), tienen más cartas. “Aquí se unen dos cosas: la patología neurológica que está condicionando el virus y, por otra parte, las estancias prolongadísimas en la UCI”, apunta Montserrat Bernabeu, directora asistencial del Institut Guttmann.

El centro ha atendido medio centenar de casos con procesos neurológicos graves asociados al coronavirus, como ictus o síndromes de Guillain-Barré (un trastorno poco frecuente donde el sistema inmune ataca a los nervios y provoca parálisis). También hay pacientes con daños cardíacos, renales o respiratorios tras el covid. Y a todos esos problemas se suma, además, el síndrome pos-UCI, caracterizado por la debilidad muscular y el impacto cognitivo que generan las largas estancias en estas unidades.

Ricard Ferrer, presidente de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, señala: “Afecta más a pacientes de más edad y con ventilación mecánica prolongada. Se ven alteraciones neuromusculares, disfagia (dificultad para comer) o problemas cognitivos, como pérdida de memoria y atención. Con el covid vemos también alteraciones respiratorias, como la fibrosis pulmonar”.

“Hay pacientes que presentan trombos en el pulmón o tienen focos de neumonía persistente y requieren tratamiento con cortisona tras el alta”, explica la neumóloga Diana Badenes, de la Unidad Postcovid del Hospital del Mar de Barcelona. “Pero en la mayoría de los casos, evolucionan bien. A los tres meses, la mayoría resuelven las alteraciones”.

¿Qué dice la comunidad científica sobre las secuelas del COVID-19?

La enfermedad no se acaba con su curación. No hay un patrón claro de los perfiles más susceptibles a las secuelas, aunque la gravedad de la enfermedad influye.

La comunidad científica también está intentando arrojar luz sobre otros síntomas inespecíficos y prolongados que afectan tanto a los casos graves de covid como a los leves. Por ahora, desconocen por qué aparecen, en qué pacientes y hasta cuándo duran esos cuadros clínicos tan variables que configuran el llamado covid persistente —la OMS ya le ha asignado un código en la Clasificación Internacional de Enfermedades—. Según un estudio preprint —no revisado aún por expertos independientes— que ha analizado 15 investigaciones publicadas, el 80% de las personas que han pasado el covid sufren secuelas tras la infección, sobre todo fatiga (el 58%), cefalea (44%), trastornos de atención (27%) y disnea (25%).

Muchos pacientes con covid persistente no reflejan alteraciones en las pruebas médicas convencionales. “Aquí tenemos una manifestación clínica y lo que nos falta es la etiología [estudio de las causas]. No hay ninguna enfermedad que explique este daño multisistémico”, señala Pilar Rodríguez, de la Sociedad Española de Médicos Generales. Esta sociedad científica hizo una encuesta a 1.834 personas con síntomas compatibles con covid persistente: la mayoría (79%) eran mujeres y los síntomas duraban más de medio año.

Rodríguez alerta de que se trata de cuadros clínicos muy incapacitantes: “Dentro de esa heterogeneidad sintomática y causal, hay que darse cuenta de que está generando mucha discapacidad en personas jóvenes y activas laboralmente. El 30% necesita ayuda para labores de la higiene diaria, según nuestro estudio”.

El origen de estos síntomas es incierto, pero el vínculo común entre los pacientes es haber pasado el covid. “Muchos pacientes refieren cefalea brutal y dolor de espalda. Hay como un meningismo, una afectación meníngea que se resuelve, pero que puede dar secuelas cognitivas, de afectación del funcionamiento cerebral por culpa del coronavirus”, apunta Bernabeu.

Algunos mecanismos conocidos del virus podrían explicarlo, arguye: “Sabemos que el virus provoca una afectación sobre el tejido nervioso y causa problemas de hipercoagulabilidad, así que podría dar pequeños trombos que pudiesen afectar al tejido nervioso. Y luego tenemos la parte de la hipoxia: toda la gente que sufre la forma grave de la enfermedad, incluso sin recibir ventilación mecánica, pasan por una situación de falta de oxigenación de los tejidos, que puede condicionar un daño temporal”.

El único tratamiento que hay son los fármacos para paliar los síntomas y, sobre todo, la rehabilitación. En Guttmann, por ejemplo, la Unidad Postcovid ambulatoria tiene un plan de ocho semanas de rehabilitación cognitiva, respiratoria y motora para los casos menos severos. “Es importante empezar cuanto antes la rehabilitación”, alerta Bernabeu. Un estudio del hospital de Mataró reveló que los pacientes con disnea y fatiga poscovid mejoran un 20% la capacidad respiratoria tras la rehabilitación.


Vía | EL PAÍS

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