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El mapa de una sonrisa sana: cómo saber si tengo una boca sana

Estamos comiendo tranquilos, quizá un arroz del domingo o una tostada a media mañana, y de pronto notamos un pinchazo en una muela, una sensibilidad rara al beber algo frío, un pequeño ardor en la encía o una molestia que aparece sin avisar. En ese momento es normal preocuparse. La boca, suele dar señales sencillas: sangrado, dolor, mal aliento, cambios de color, sequedad o heridas que no terminan de curar. La pregunta es razonable: ¿debo alarmarme o simplemente observar?

 

Nota sobre Autoexploración y Diagnóstico Odontológico

La inspección visual doméstica es una herramienta excelente de concienciación y detección precoz, pero no sustituye las pruebas diagnósticas clínicas. De acuerdo con los estándares de la salud bucodental vigentes para 2026, patologías asintomáticas crónicas como la gingivitis destructiva, las caries interproximales o ciertas lesiones de la mucosa oral solo son detectables mediante sondaje periodontal, transiluminación o radiografía digital en consulta. Este contenido tiene un propósito puramente divulgativo y de apoyo a la prevención; no constituye un diagnóstico médico ni invalida la necesidad de realizar, al menos, una revisión anual con un odontólogo colegiado.

Aprender a cómo saber si tengo una boca sana te ayuda a mirar tu salud bucodental con más calma y criterio. Porque la idea no es hacerte un diagnóstico frente al espejo, porque eso corresponde a un profesional, pero sí de reconocer cambios que conviene vigilar. Una revisión casera puede darte pistas sobre el estado de tus encías, tus dientes, tu lengua, tu aliento y las sensaciones que aparecen al masticar. Si algo persiste, duele o se repite, la valoración en una Clínica dental en Palma de Mallorca puede ser el paso sensato para salir de dudas.

La salud oral forma parte de la salud general. De hecho, Mayo Clinic recuerda que la boca puede ofrecer señales relacionadas con el bienestar del organismo, por lo que cuidarla a diario y acudir a revisiones periódicas no es un capricho, sino una medida de prevención razonable (Mayo Clinic, 2024). En este artículo vamos a revisar, paso a paso, qué señales suelen acompañar a una boca sana, qué cambios no conviene normalizar, cómo hacer una pequeña revisión en casa y cuándo pedir cita con el dentista.

Señales de una boca sana que puedes observar frente al espejo

Una boca sana no tiene por qué parecer perfecta. Hay personas con dientes algo más amarillentos por genética, con pequeñas irregularidades en la forma dental o con encías de un tono distinto según su pigmentación natural. La salud bucodental no se mide por una sonrisa de anuncio, sino por la estabilidad de los tejidos, la ausencia de molestias frecuentes y la capacidad de masticar, hablar y limpiar la boca con normalidad.

Para orientarte, basta con una revisión sencilla frente al espejo, con buena luz y las manos limpias. Mira despacio, sin obsesionarte. Más vale observar con serenidad que mirar con miedo. La clave está en detectar cambios nuevos o repetidos, porque lo importante no es cómo era tu boca hace diez años, sino si ahora notas algo distinto.

Encías rosadas, firmes y sin sangrado habitual

Las encías sanas suelen tener un tono rosado o coral, aunque puede haber variaciones naturales según la persona. Lo importante es que se vean firmes, bien adaptadas alrededor de los dientes y sin zonas muy rojas, brillantes o hinchadas. Una encía que está tranquila no debería sangrar de forma habitual durante el cepillado.

Conviene fijarse también en el borde de la encía. Si rodea el diente de forma regular y no parece retraída, inflamada o dolorida, suele ser una buena señal. En cambio, cuando la encía sangra con frecuencia, se enrojece o se separa del diente, merece atención. El sangrado no debe verse como algo “normal porque me cepillo fuerte”, ya que muchas veces indica inflamación.

Una revisión casera puede ayudarte a distinguir si el sangrado ha sido algo puntual o si se repite varios días. Si ocurre una vez porque te has hecho daño con un alimento duro, puedes observar. Si aparece cada semana, si mancha el cepillo o si notas mal sabor, lo prudente es consultar.

Dientes sin manchas nuevas, fisuras visibles ni zonas oscuras

Los dientes sanos no siempre son blancos como la porcelana. Ese es un ideal estético que muchas veces confunde. Un diente puede tener un tono marfil, amarillento suave o ligeramente desigual y estar perfectamente sano. Lo que conviene revisar son los cambios recientes: manchas nuevas, zonas oscuras, bordes rotos, fisuras visibles o cavidades.

Mira los dientes delanteros, pero no te quedes ahí. Muchas caries, fisuras o desgastes aparecen en muelas y premolares, donde se mastica con más fuerza y donde la limpieza suele ser más difícil. Con buena luz puedes separar un poco la mejilla y observar si hay zonas marrones, negras o rugosas.

También puedes fijarte en el desgaste. Si ves bordes muy planos, dientes más cortos, pequeñas fracturas o sensibilidad al despertar, podría haber apretamiento dental. No siempre se nota dolor al principio, por eso la observación tiene valor preventivo.

Lengua húmeda, limpia y sin heridas persistentes

La lengua también cuenta mucho sobre la salud de la boca. Una lengua saludable suele verse húmeda, de color rosado y con una textura ligeramente rugosa. Puede tener una capa blanquecina fina al levantarte, sobre todo si has dormido con la boca seca, pero debería retirarse con la higiene normal.

Lo que merece atención son las placas gruesas que no desaparecen, las heridas que se mantienen, las zonas rojas dolorosas, el ardor frecuente o las grietas que molestan al comer. La lengua participa en el gusto, el habla, la masticación y la limpieza natural de la boca, de modo que no conviene ignorarla.

Si una molestia en la lengua dura varios días, evita automedicarte con enjuagues fuertes o productos irritantes. A veces lo sencillo es lo más sensato: observar, mejorar la higiene suave, hidratarte bien y pedir valoración si no mejora.

Aliento fresco o neutro la mayor parte del día

El aliento no tiene que oler a menta todo el día para considerarse normal. Después de dormir, tomar café, comer ajo o pasar muchas horas sin beber agua, puede aparecer mal olor puntual. Eso entra dentro de lo esperable. El problema aparece cuando el mal aliento es persistente y no mejora con cepillado, limpieza interdental e hidratación.

Muchas veces el mal olor procede de la lengua, de restos entre los dientes, de encías inflamadas o de sequedad oral. Por eso, si quieres revisar tu boca en casa, no te limites a oler el aliento: piensa también en cuándo aparece, cuánto dura y si mejora tras una higiene correcta.

Una señal razonable de boca sana es tener un aliento fresco o neutro la mayor parte del día. Si notas mal sabor constante, olor fuerte al pasar el hilo dental o sensación de boca seca, merece la pena vigilarlo.

Ausencia de dolor, presión o sensibilidad intensa

Una boca sana permite masticar sin dolor, beber frío o caliente sin sobresaltos y cepillarse sin molestias intensas. Puede haber sensibilidad leve y puntual, por ejemplo tras tomar algo muy frío, pero no debería repetirse a diario ni impedirte comer con normalidad.

La sensibilidad dental puede aparecer por desgaste del esmalte, retracción de encías, caries, fisuras, restauraciones antiguas o cepillado agresivo. Si se repite con el frío, el calor, el dulce o los alimentos ácidos, conviene no dejarla pasar.

La ausencia de dolor no garantiza que todo esté perfecto, pero sí es una señal tranquilizadora cuando se acompaña de encías estables, dientes sin cambios visibles, lengua sana y buen control del aliento.

Tabla rápida: señales saludables y cambios que conviene vigilar

Autoexploración

Aprende a leer las señales de tu boca

Conocer el aspecto y comportamiento habitual de tu boca te ayudará a detectar cambios a tiempo. Revisa estas zonas clave periódicamente.

Zona que revisas Señal habitual de salud Cambio que conviene observar
Encías
Rosadas, firmes, sin sangrado frecuente
Sangrado, inflamación, retracción o dolor
Dientes
Sin manchas nuevas, fisuras ni zonas oscuras
Manchas recientes, fracturas, movilidad o cavidades
Lengua
Húmeda, rosada, sin heridas
Placas persistentes, ardor, heridas o cambios de color
Aliento
Fresco o neutro la mayor parte del día
Mal olor persistente o mal sabor constante
Sensaciones
Masticación cómoda y sin dolor
Sensibilidad repetida, presión o molestias al morder
Encías
Señal habitual de salud
Rosadas, firmes, sin sangrado frecuente
Cambio que observar
Sangrado, inflamación, retracción o dolor
Dientes
Señal habitual de salud
Sin manchas nuevas, fisuras ni zonas oscuras
Cambio que observar
Manchas recientes, fracturas, movilidad o cavidades
Lengua
Señal habitual de salud
Húmeda, rosada, sin heridas
Cambio que observar
Placas persistentes, ardor, heridas o cambios de color
Aliento
Señal habitual de salud
Fresco o neutro la mayor parte del día
Cambio que observar
Mal olor persistente o mal sabor constante
Sensaciones
Señal habitual de salud
Masticación cómoda y sin dolor
Cambio que observar
Sensibilidad repetida, presión o molestias al morder

Esta tabla sirve como orientación. No pretende sustituir una revisión dental, pero te ayuda a ordenar lo que ves. En medicina, mirar con orden suele evitar sustos innecesarios y también retrasos poco convenientes.

Señales de alerta que no deberías normalizar

Hay molestias pequeñas que aparecen un día y desaparecen sin más. Una encía irritada por una corteza de pan, una pequeña rozadura por morderte sin querer o algo de sensibilidad tras una bebida muy fría pueden ser situaciones puntuales. El problema cambia cuando la señal se repite, empeora o se mantiene.

La Organización Mundial de la Salud señala que muchas enfermedades bucodentales frecuentes, como caries, enfermedades periodontales, pérdida dental y cáncer oral, pueden prevenirse o tratarse mejor cuando se detectan en fases tempranas (World Health Organization, 2025). Por eso no hace falta vivir pendiente de la boca, pero sí conviene prestarle atención cuando algo insiste.

Sangrado frecuente al cepillarte o usar hilo dental

El sangrado de encías es una de las señales que más se normalizan en casa. Hay quien piensa que ocurre porque el cepillo es duro, porque se ha usado hilo dental después de mucho tiempo o porque “las encías son delicadas”. Puede pasar de forma puntual, pero si se repite no conviene quitarle importancia.

El National Institute of Dental and Craniofacial Research describe el sangrado, la inflamación y el enrojecimiento como señales frecuentes de enfermedad periodontal en fases iniciales (National Institute of Dental and Craniofacial Research, s. f.). Dicho de manera sencilla: una encía que sangra a menudo puede estar inflamada por acumulación de placa bacteriana.

Si ves sangre al cepillarte varios días, cambia a un cepillo suave, revisa tu técnica y pide una valoración. Cepillarse más fuerte no soluciona el problema. A veces lo empeora.

Encías inflamadas, retraídas o doloridas

Una encía inflamada suele verse más roja, abultada o brillante. También puede doler al tocarla o molestar durante la higiene. La retracción, por su parte, hace que el diente parezca más largo porque la encía se ha desplazado y deja parte de la raíz expuesta.

Estas señales pueden relacionarse con higiene insuficiente, cepillado agresivo, enfermedad periodontal, tabaco, bruxismo, cambios hormonales o factores individuales. No hace falta sacar conclusiones precipitadas, pero sí observar si avanza.

Un detalle práctico: si una zona concreta de la encía sangra siempre, duele siempre o se ve distinta al resto, apúntalo mentalmente. Esa información ayuda mucho cuando acudes a consulta.

Mal aliento persistente que no mejora con la higiene

El mal aliento ocasional es común. El persistente, en cambio, merece atención. Puede estar relacionado con restos de comida entre los dientes, placa bacteriana en la lengua, encías inflamadas, caries, prótesis mal higienizadas, boca seca o algunos problemas digestivos y respiratorios.

En casa puedes hacer una prueba sencilla: limpia bien dientes, espacios interdentales y lengua. Bebe agua y espera un rato. Si el mal olor vuelve pronto o notas mal sabor continuo, conviene revisarlo.

El objetivo no es tapar el olor con colutorios intensos. Eso sería como poner perfume sobre humo. Lo correcto es buscar la causa.

Sensibilidad repetida al frío, al calor o al dulce

Sentir una punzada breve al beber agua fría puede pasar. Ahora bien, si esa punzada se repite, si aparece con alimentos dulces o ácidos, o si cada vez es más intensa, hay que prestarle atención. La sensibilidad puede indicar exposición de dentina, desgaste, retracción gingival, caries o fisuras.

También puede estar relacionada con hábitos diarios. Cepillarse con demasiada fuerza, usar pastas muy abrasivas, tomar bebidas ácidas con frecuencia o apretar los dientes por la noche puede favorecer molestias.

Una buena pregunta es: “¿esto me impide comer, beber o cepillarme con normalidad?”. Si la respuesta es sí, la revisión casera ya se queda corta.

Dolor, presión al morder o molestias al masticar

El dolor dental no siempre aparece como un dolor intenso y continuo. A veces empieza como presión al morder, molestia en una muela concreta o sensación de que “algo no encaja”. También puede manifestarse al masticar alimentos duros.

Ese tipo de señal puede asociarse a caries profunda, fisura dental, inflamación de la encía, apretamiento o problemas en una restauración. No conviene esperar a que duela mucho para pedir cita, porque los procesos dentales suelen avanzar en silencio durante un tiempo.

Si el dolor aparece de forma localizada, intenta recordar cuándo empezó y con qué se activa. Esa información orienta la valoración profesional.

Manchas oscuras, fisuras visibles o movilidad dental

Una mancha no siempre es caries. Puede ser pigmentación externa por café, té, tabaco o ciertos alimentos. Sin embargo, una mancha nueva, oscura, rugosa o asociada a sensibilidad merece revisión.

Las fisuras visibles también deben observarse. Algunas son superficiales, pero otras pueden avanzar o provocar dolor al morder. En cuanto a la movilidad dental, salvo en dientes de leche durante la infancia, no debería considerarse normal.

Si notas que un diente se mueve, aunque sea poco, consulta. La movilidad puede relacionarse con pérdida de soporte periodontal, traumatismos o sobrecarga por apretamiento.

Heridas en la boca que tardan en desaparecer

Las pequeñas aftas o rozaduras suelen mejorar en pocos días. Puede ocurrir por estrés, mordeduras, alimentos irritantes o roces con aparatos. Lo importante es vigilar la evolución.

Si una herida no mejora, aumenta, sangra, duele mucho o dura más de un plazo razonable, debe revisarse. Lo mismo ocurre con placas blancas o rojas que no se desprenden, bultos, zonas endurecidas o molestias persistentes en lengua, mejillas, encías o paladar.

La boca cicatriza bastante rápido cuando todo va bien. Cuando algo no sigue ese curso, conviene mirarlo con más atención.

Guía de autoexploración

Mini checklist para revisar tu boca paso a paso

Dedicar dos o tres minutos a observar tu boca con buena luz es una forma sencilla de orientarte. Solo necesitas un espejo y paciencia. Esta checklist no diagnostica, sirve para detectar cambios y decidir si debes pedir una valoración.

1

Observa tus encías

Levanta el labio superior y baja el inferior. Mira el color de las encías, su forma y si están hinchadas. Las encías sanas suelen adaptarse bien entre los dientes, sin verse abultadas ni sangrar.

  • Color rosado o similar al habitual en ti.
  • Ausencia de sangrado frecuente.
  • Encía firme y sin inflamación llamativa.
  • Sin retracciones nuevas o zonas doloridas.
  • Sin pus, mal sabor localizado o bultos.
Atención: Si ves una zona muy roja, inflamada o sensible, no la manipules demasiado. Mejora la higiene con suavidad y observa si cambia; si persiste, consulta.
2

Mira tus dientes

Revisa primero los dientes delanteros y después intenta mirar muelas y premolares. No busques una blancura perfecta, busca cambios físicos o visuales evidentes.

  • Dientes superiores por fuera.
  • Dientes inferiores por fuera.
  • Bordes de los dientes.
  • Muelas visibles al abrir bien la boca.
  • Zonas donde se acumula comida con frecuencia.
Atención: Si siempre se queda comida en el mismo punto, podría haber separación, fractura, caries inicial o un empaste que ha perdido adaptación.
3

Revisa tu lengua

Saca la lengua y observa la parte superior, laterales e inferior. Una lengua sana se ve húmeda y rosada. Puede tener una capa fina por la mañana, pero no placas gruesas persistentes ni heridas.

  • Placas blancas o amarillas que no se eliminan.
  • Zonas rojas dolorosas o grietas que arden al comer.
  • Heridas en los bordes laterales.
  • Sensación de quemazón frecuente.
  • Dificultad para mover la lengua.
Atención: La limpieza lingual suave ayuda mucho al aliento. Hazla sin rascar con fuerza, la lengua es una zona delicada.
4

Comprueba tu aliento

El aliento se valora mejor por su persistencia. Si acabas de despertar o comer, espera. Limpia dientes, espacios y lengua, bebe agua, y observa si el mal olor vuelve pronto.

  • Mal sabor constante.
  • Olor fuerte al usar hilo dental en una zona concreta.
  • Sensación de boca seca o lengua con mucha capa.
  • Encías que sangran.
  • Restos de comida retenidos entre muelas.
Atención: Si el mal aliento se mantiene a pesar de una higiene correcta, puede haber una causa bucodental oculta que necesita revisión.
5

Valora tus sensaciones

La boca no se revisa solo mirando, también hay que escuchar lo que sientes. Presta atención a cualquier dolor, presión, sensibilidad, ardor o molestia habitual.

  • ¿Me duele alguna pieza al morder?
  • ¿Siento pinchazos con agua fría o me molesta el dulce?
  • ¿Noto presión en una muela concreta?
  • ¿Me despierto con la mandíbula cansada?
  • ¿Evito masticar por un lado?
Atención: Si una sensación se repite, no la tapes con analgésicos sin saber el motivo. Puede ser algo sencillo, pero merece una explicación profesional.

Cómo mantener una boca sana día a día

La prevención no necesita gestos raros. Necesita constancia, buena técnica y sentido común. En salud bucodental, lo pequeño repetido cada día suele pesar más que los remedios de última hora.

La American Dental Association recomienda cepillarse dos veces al día con pasta fluorada y limpiar entre los dientes a diario, porque el cepillo no siempre alcanza bien las zonas interdentales (American Dental Association, 2024). Esta idea es básica: muchas caries y problemas de encías empiezan justo donde el cepillo llega peor.

Hábitos esenciales para cuidar la boca

Para mantener una boca sana, conviene cuidar varios frentes:

  • Cepillarte al menos dos veces al día con pasta fluorada
  • Usar un cepillo suave y cambiarlo cuando las cerdas estén abiertas
  • Limpiar entre los dientes con hilo dental o cepillos interdentales
  • Higienizar la lengua con suavidad
  • Beber agua con frecuencia
  • Moderar el picoteo azucarado
  • Reducir bebidas ácidas tomadas a sorbos durante mucho tiempo
  • Evitar el tabaco
  • Pedir revisión cuando una señal persiste.

No hace falta cepillarse con fuerza. De hecho, el cepillado agresivo puede dañar encías y favorecer sensibilidad. La técnica debe ser cuidadosa, con movimientos controlados y atención a la línea donde se unen diente y encía.

Cuidado de encías e higiene interdental

Las encías agradecen la regularidad. Si solo se limpia la parte visible del diente, la placa puede acumularse entre piezas y cerca del margen gingival. Ahí empieza muchas veces la inflamación.

El hilo dental va bien en espacios estrechos. Los cepillos interdentales suelen ser útiles cuando hay más separación, ortodoncia, implantes, puentes o pérdida de encía. Lo importante es usar el método adecuado sin hacerse daño.

Si al empezar con la higiene interdental sangra un poco, observa la evolución. Cuando la causa es acumulación de placa y la técnica mejora, el sangrado puede reducirse. Si continúa, no lo normalices.

Azúcar, bebidas ácidas e hidratación

La dieta influye en el esmalte y en las encías. No se trata de prohibirlo todo, que la vida también está para disfrutarla con cabeza. El problema suele ser la frecuencia: pequeños sorbos de refrescos, bebidas energéticas, zumos ácidos o café con azúcar durante todo el día mantienen la boca en un entorno más agresivo.

Algunas medidas sencillas ayudan:

  • Toma agua como bebida principal
  • Evita estar picando dulce durante horas
  • Deja los alimentos azucarados para momentos concretos
  • No cepilles justo después de tomar algo muy ácido; espera un poco y enjuaga con agua
  • Mastica bien y favorece la salivación.
  • Consulta si notas boca seca de forma constante.

La saliva protege la boca. Ayuda a limpiar, neutralizar ácidos y mantener los tejidos hidratados. Por eso la sequedad oral persistente también merece atención.

Cuándo acudir al dentista

La revisión casera ayuda, pero tiene límites. Tú puedes ver cambios externos, notar molestias y detectar señales repetidas. El dentista puede explorar encías, dientes, mucosas, mordida, restauraciones y zonas que no se ven bien en casa.

Conviene pedir cita si notas:

  • Sangrado de encías frecuente
  • Dolor dental o presión al morder
  • Sensibilidad repetida al frío, calor o dulce
  • Mal aliento persistente
  • Heridas que no desaparecen
  • Manchas oscuras o cavidades
  • Dientes que se mueven
  • Encías retraídas o inflamadas
  • Dificultad para masticar
  • Cambios en lengua, mejillas o paladar.

En Palma de Mallorca, quien necesite una valoración profesional puede acudir a Clínica Llibertat. Y si necesitas ubicar la consulta o saber cómo llegar, puedes consultar Mi perfil de empresa.

  • Clínica Llibertat
  • C/ de la Llibertat, 19, Ponent, 07013 Palma, Illes Balears
  • Teléfono: 655765509

La idea no es correr al dentista por cada sensación mínima. La idea es no esperar meses cuando una señal se repite. Como se ha dicho toda la vida en casa, las cosas miradas a tiempo suelen dar menos guerra.

Cómo saber si tengo una boca sana: respuesta directa

Revisar tu boca en casa es una buena costumbre de prevención. Te permite conocer mejor tus encías, tus dientes, tu lengua, tu aliento y las sensaciones que aparecen al comer o cepillarte. No necesitas vivir pendiente de cada detalle, pero sí conviene prestar atención a los cambios que se repiten.

Una boca sana suele ser cómoda, estable y fácil de limpiar. Las encías no sangran de forma habitual, los dientes no presentan manchas nuevas o fracturas visibles, la lengua se mantiene húmeda y sin heridas persistentes, y el aliento suele ser fresco o neutro durante buena parte del día.

Aun así, la revisión casera no sustituye una exploración profesional. Si quieres saber con más seguridad cómo saber si tengo una boca sana, observa tu boca con calma, mantén buenos hábitos y pide ayuda cuando algo no encaje. Cuidar la salud bucodental a tiempo es una forma sencilla de cuidar también tu bienestar general.

Referencias consultadas:

  • World Health Organization. (2025). Oral health
  • National Institute of Dental and Craniofacial Research. (s. f.). Periodontal (gum) disease. National Institutes of Health. https://www.nidcr.nih.gov/health-info/gum-disease
  • American Dental Association. (2024). Home oral care. https://www.ada.org/resources/ada-library/oral-health-topics/home-care
  • Mayo Clinic. (2024). Oral health: A window to your overall health. https://www.mayoclinic.org/healthy-lifestyle/adult-health/in-depth/dental/art-20047475
Aclara tus dudas

Preguntas frecuentes

Respuestas rápidas para ayudarte a interpretar las señales de tu boca y saber cuándo es momento de acudir a la consulta dental.

¿Qué aspecto tienen unas encías sanas?
Unas encías sanas suelen verse rosadas, firmes y bien adaptadas alrededor de los dientes. No deberían sangrar de forma frecuente al cepillarte o usar hilo dental. También es buena señal que no estén hinchadas, brillantes, retraídas o doloridas.
¿Es normal que me sangren las encías?
No debería considerarse normal si ocurre a menudo. Un sangrado puntual puede aparecer por una pequeña herida o por usar mal el hilo dental, pero el sangrado repetido suele indicar inflamación. Si se mantiene varios días, conviene pedir una valoración.
¿Cuándo debería preocuparme por el mal aliento?
El mal aliento puntual tras dormir o comer ciertos alimentos es habitual. Debes prestarle más atención si es persistente, si no mejora con higiene correcta, si se acompaña de mal sabor o si aparece junto a sangrado de encías, lengua con mucha capa o sequedad oral.
¿La sensibilidad dental siempre indica un problema?
No siempre. Puede ser puntual y leve. Sin embargo, si se repite con frío, calor, dulce o alimentos ácidos, si aparece en una pieza concreta o si te impide comer con normalidad, conviene revisarla. Puede estar relacionada con esmalte desgastado, encías retraídas, caries o fisuras.
¿Cada cuánto debería revisar mi boca en casa?
Puedes hacer una revisión rápida una vez a la semana o cada pocos días si has notado alguna molestia. No hace falta obsesionarse. Basta con mirar encías, dientes, lengua, aliento y sensaciones. Si detectas un cambio que se mantiene, consulta.
¿Cuándo conviene acudir al dentista?
Conviene acudir cuando hay dolor, sangrado frecuente, sensibilidad repetida, mal aliento persistente, movilidad dental, manchas oscuras, fisuras, heridas que no curan o molestias al masticar. También es recomendable mantener revisiones periódicas aunque no haya dolor.