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Cómo superar el miedo al dentista: consejos para afrontar la visita con tranquilidad

cómo superar el miedo al dentista
Superar el miedo al dentista empieza con una primera conversación tranquila y sin juicios.

Ni la persona más valiente entra siempre tranquila a un procedimiento odontológico. A veces duele, a veces incomoda, y casi siempre hay algo que pesa más que todo eso: no saber exactamente qué va a pasar. Esa sensación de entrar en una sala, tumbarse en el sillón, oír instrumentos y perder parte del control puede remover mucho por dentro, incluso en personas que en otros aspectos de la vida son templadas y decididas.

 

Nota sobre Salud Emocional y Asistencia Odontológica

La ansiedad dental y la odontofobia son condiciones médicas reconocidas que afectan al bienestar y pueden derivar en el abandono de la salud bucodental. De acuerdo con los protocolos sanitarios de 2026, los profesionales de la odontología están capacitados para aplicar técnicas de manejo de conducta, sedación consciente y comunicación adaptada para garantizar una experiencia segura. En supuestos de bloqueo severo, se aconseja coordinar la visita con el apoyo de profesionales de la salud mental. Este contenido tiene fines estrictamente divulgativos y de apoyo al paciente; no constituye un diagnóstico clínico ni sustituye las pautas de manejo individualizado en consulta.

Sentir miedo al dentista es bastante más habitual de lo que se reconoce en voz alta. Hay quien lo arrastra desde una mala experiencia de la infancia, quien teme al dolor, quién se bloquea al pensar en la anestesia, y quien lleva años sin revisión por vergüenza. En España, además, muchas personas esperan hasta tener dolor porque les cuesta dar el paso de pedir cita. Y mire, se lo digo con calma: llegar con miedo no es fracasar; es llegar con una necesidad que merece ser atendida con respeto.

Si vives o trabajas en Madrid, elegir una Clínica dental en el Barrio de Salamanca con trato cercano, comunicación clara y una primera visita bien explicada puede ayudarte a sentirte más acompañado desde el principio. En este artículo veremos cómo superar el miedo al dentista paso a paso: por qué aparece, qué puedes hacer antes y durante la consulta, cómo manejar la vergüenza y qué suele ocurrir en una primera visita cuando acudes con ansiedad dental.

¿Por qué aparece el miedo al dentista?

por qué aparece el miedo al dentista infografía
Entender el origen de la ansiedad dental ayuda a romper el ciclo de evitación y recuperar la confianza.

El miedo al dentista no aparece porque sí. Suele tener una raíz concreta, aunque a veces esté mezclada con recuerdos, ideas anticipadas y sensaciones físicas. Puede empezar con una experiencia desagradable, crecer por la incertidumbre y mantenerse porque cada vez que retrasas la cita sientes alivio durante un rato.

Ese alivio, sin embargo, suele ser tramposo. Cancelar una revisión puede calmarte ese día, pero el problema dental sigue ahí, y la siguiente cita suele parecer más difícil. Por eso conviene entender el miedo con cierta serenidad, sin culparse y sin dramatizar.

Algunas causas frecuentes son:

  • Experiencias dentales negativas anteriores
  • Miedo al dolor o a la anestesia
  • Sensación de pérdida de control en el sillón
  • Vergüenza por el estado de la boca
  • Temor a recibir una mala noticia
  • Recuerdos de familiares que hablaban del dentista con angustia
  • Desconocimiento de los tratamientos actuales.

No todos los miedos tienen la misma intensidad. Hay personas que se ponen nerviosas antes de entrar, otras que duermen mal la noche previa y otras que evitan la consulta durante años. Cada caso merece una respuesta distinta, pero todos tienen algo en común: la tranquilidad mejora cuando hay información, confianza y un ritmo adecuado.

1. Experiencias negativas anteriores

Una mala experiencia en el dentista puede quedarse grabada durante mucho tiempo. A veces fue un tratamiento doloroso, una explicación insuficiente, una sensación de prisa o una frase poco afortunada que la persona no olvidó. La memoria, cuando va unida al miedo, tiende a guardar los detalles más desagradables.

Puede que aquella visita ocurriera hace años, incluso de niño. Aun así, el cerebro puede asociar el olor de la clínica, el sonido de la turbina o la postura en el sillón con una amenaza. No es que estés exagerando; es que tu cuerpo aprendió a ponerse en alerta ante un entorno que interpreta como peligroso.

La buena noticia es que una experiencia pasada no obliga a que todas las futuras sean iguales. La odontología actual tiene más recursos para explicar, anestesiar, pausar y adaptar el tratamiento. El cambio empieza cuando una nueva visita se vive de otra manera: con más calma, más control y más claridad.

Aquí ayuda mucho elegir una consulta donde puedas hablar antes de empezar. Una conversación tranquila puede desactivar parte del miedo porque convierte lo desconocido en algo más manejable. Cuando sabes qué se va a hacer, cuánto puede durar y qué sensaciones son normales, el cuerpo deja de imaginar el peor escenario.

2. Miedo al dolor o a perder el control

Muchas personas dicen “me da miedo que me duela”, pero al hablar un poco más aparece otra capa: miedo a no poder parar, a no poder hablar, a no saber qué está ocurriendo. Estar tumbado, con la boca abierta y con instrumentos cerca, puede hacer que una persona se sienta vulnerable.

Ese miedo se entiende mejor si pensamos en la boca como una zona muy sensible. Es una parte íntima, relacionada con comer, hablar, respirar y expresar emociones. Cuando alguien trabaja dentro de la boca, es normal que el cuerpo esté más atento de la cuenta.

Por eso, el control es fundamental. Control no significa dirigir el tratamiento médico, sino saber que puedes pedir una pausa, preguntar, levantar la mano o decir que necesitas respirar un momento. Esa posibilidad reduce mucho la tensión muscular y la sensación de estar atrapado.

Antes de empezar, conviene pactar cosas sencillas:

  • Qué se va a hacer en esa cita
  • Cuánto tiempo aproximado durará
  • Qué puedes notar durante el procedimiento
  • Qué señal usarás si necesitas parar
  • Qué parte del tratamiento es prioritaria y cuál puede esperar.

Cuando el dentista explica cada paso con calma, el tratamiento deja de parecer una carrera. Se parece más a un mapa: sabes dónde estás, hacia dónde vas y qué viene después. Esa previsibilidad es una herramienta muy valiosa para quien busca cómo superar el miedo al dentista sin sentirse forzado.

3. Vergüenza por el estado de la boca

La vergüenza dental pesa muchísimo. Hay personas que no acuden porque llevan años sin revisión, porque tienen caries visibles, mal aliento, encías inflamadas, movilidad dental o alguna pieza deteriorada. A veces el miedo principal no es el dolor, sino escuchar una reprimenda.

Esto conviene decirlo con todas las letras: el papel del dentista no es juzgarte. Su labor es valorar la situación, explicarte qué ocurre y ayudarte a recuperar salud bucodental con un plan realista. Llegar tarde a una revisión es mejor que no llegar nunca.

La vergüenza puede hacer que una persona oculte la sonrisa, evite hablar de cerca o retrase la consulta hasta que aparece dolor. Investigaciones recientes sobre salud oral describen la vergüenza dental como una barrera real para pedir ayuda, y señalan que un trato sin juicios facilita que la persona vuelva a cuidarse con más seguridad (Folker et al., 2025).

En una consulta bien planteada, nadie debería recibir una bronca por tener la boca descuidada. Lo sensato es preguntar qué ha pasado, cuánto tiempo lleva así, qué síntomas hay y qué se puede hacer primero.

Cómo superar el miedo al dentista paso a paso

cómo superar el miedo al dentista paso a paso infografía
Pequeñas decisiones antes y durante la cita pueden hacer que la visita al dentista sea más llevadera.

Superar el miedo al dentista no suele ser cuestión de despertarse un día sin nervios. Es un proceso, primero se reduce la incertidumbre, luego se gana control y después se construyen experiencias más tranquilas. No hace falta hacerlo perfecto; basta con empezar de una manera que puedas tolerar.

Una buena estrategia combina preparación antes de la cita, comunicación durante la visita y un plan claro al terminar. De esa forma, el miedo no desaparece por arte de magia, pero deja de mandar por completo.

1. Comunica tu miedo antes de la cita

Decir “me da miedo ir al dentista” no es una molestia. Es información clínica útil. Si lo comunicas al pedir cita, el equipo puede tenerlo en cuenta desde el principio: darte una hora más tranquila, reservar algo más de margen o avisar al profesional para que te explique las cosas con especial cuidado.

La American Dental Association recomienda informar al equipo dental sobre la ansiedad desde el momento de pedir la cita y hacer preguntas sobre las estrategias que pueden ayudarte durante la visita (American Dental Association, 2024). Dicho de manera sencilla: cuanto antes lo digas, más fácil será adaptar la atención.

Puedes expresarlo con frases muy simples:

  • “Me pongo bastante nervioso en el dentista.»
  • “Hace años que no vengo y me da vergüenza.»
  • “Tuve una mala experiencia y necesito que me expliquen las cosas.”
  • “Me ayuda saber cuándo podemos parar.”
  • “Prefiero empezar con una revisión y hablar del plan.”

2. Pide que te expliquen cada paso

Pedir explicaciones no es ser pesado. Es participar en tu propia atención. Cuando sabes qué se va a hacer, qué instrumento se va a usar y qué sensación puedes notar, el miedo pierde parte de su fuerza.

Hay una forma muy útil de trabajar con personas nerviosas: explicar, mostrar si procede y actuar después. En lenguaje de la calle: primero te cuento qué haré, luego te enseño lo necesario sin asustarte y después empezamos con calma. Esa secuencia reduce la sorpresa, que suele ser una gran aliada de la ansiedad.

Puedes pedir que te expliquen:

Comunicación Clínica

El guion para reducir la ansiedad en tu consulta

Tomar el control de la visita médica o dental empieza por la información. Hacer estas 5 preguntas te ayudará a gestionar la incertidumbre y anticipar sensaciones físicas.

Por qué ayuda: Reduce drásticamente la incertidumbre de la cita al trazar un mapa mental claro de los procedimientos que se van a llevar a cabo.
Por qué ayuda: Ayuda a medir el esfuerzo mental y físico necesario. Saber si vas a estar 10 minutos o una hora cambia por completo tu predisposición.
Por qué ayuda: Evita que el cerebro interprete sensaciones normales e inofensivas (como un líquido frío o un ruido fuerte) como señales de peligro o alarma inminente.
Por qué ayuda: Diferenciar entre dolor real, vibración, frío o simple presión táctil desactiva la respuesta de pánico del sistema nervioso.
Por qué ayuda: Establecer una señal de pausa (como levantar la mano) devuelve la sensación de control absoluto al paciente, rebajando el nivel de estrés basal.

Cuando sabes el recorrido antes de empezar, el camino suele parecer menos amenazante. Esto vale para una revisión, una limpieza, un empaste o un tratamiento más largo. La información, bien dada, tranquiliza.

3. Acuerda una señal para parar

Una de las herramientas más sencillas y efectivas es pactar una señal para detener el tratamiento. Puede ser levantar la mano izquierda. Debe ser una señal clara, fácil de hacer y acordada antes de empezar.

Esto da mucha seguridad porque durante un procedimiento dental no siempre puedes hablar. Saber que puedes levantar la mano y que el profesional va a parar cambia la vivencia de la consulta. Ya no estás esperando a ver qué ocurre; estás participando.

NHS Inform Scotland aconseja hablar con el dentista sobre el miedo, utilizar respiración o distracción, y acordar una señal para parar si necesitas una pausa durante el tratamiento (NHS Inform Scotland, 2024). 

La señal puede servir para varias situaciones:

  • Necesitas tragar saliva
  • Te estás agobiando
  • Quieres respirar un momento
  • Notas molestia
  • Necesitas que te expliquen algo
  • Te sientes demasiado tenso.

Lo esencial es que la señal se respete. Si el paciente levanta la mano y el profesional para, se construye confianza. Y la confianza, en odontología, vale oro.

4. Empieza por una revisión sencilla

Cuando el miedo es intenso, empezar directamente con un tratamiento largo puede ser demasiado. Muchas veces es más prudente hacer una primera visita centrada en revisar, hablar, tomar datos y explicar el estado de la boca.

Una revisión sencilla puede incluir exploración de dientes y encías, preguntas sobre molestias, antecedentes médicos, sensibilidad, sangrado o tratamientos previos. En algunos casos se hacen radiografías para ver zonas que no se aprecian a simple vista. Todo eso sirve para entender la situación antes de decidir.

Esta primera visita tiene un valor psicológico enorme. Permite comprobar que puedes entrar, sentarte, hablar, preguntar y salir con un plan. Para alguien que lleva años evitando el dentista, eso ya es un avance importante.

Un enfoque gradual puede organizarse así:

  1. Primera cita para hablar, revisar y resolver dudas
  2. Segunda cita para una limpieza o tratamiento sencillo si procede
  3. Citas posteriores para abordar lo más urgente
  4. Revisión del plan cuando la persona se sienta más segura.

No se trata de prometer que nunca habrá molestias, porque no es honesto. Lo que buscamos es evitar prisas innecesarias y ajustar el ritmo a la situación clínica y emocional de cada persona.

5. Usa técnicas de respiración y distracción

La ansiedad se nota en la mente, pero también en el cuerpo. Aparece tensión en la mandíbula, respiración rápida, sudor, palpitaciones o sensación de querer salir corriendo. Por eso, trabajar la respiración puede ayudar bastante.

Antes de entrar, prueba una respiración sencilla:

  • Inspira por la nariz durante cuatro segundos
  • Mantén el aire un segundo si te resulta cómodo
  • Suelta el aire despacio durante seis segundos
  • Repite varias veces sin forzar
  • Relaja hombros, frente y manos.

La exhalación lenta manda al cuerpo un mensaje de seguridad. No elimina siempre el miedo, pero puede hacerlo más manejable. En consulta también puedes centrar la atención en una imagen tranquila, contar respiraciones o escuchar música si la clínica lo permite.

La distracción funciona mejor cuando se prepara antes. Llevar auriculares, elegir una lista tranquila o pensar en una escena agradable puede ayudarte a no quedarte enganchado al sonido de los instrumentos. Hay personas a las que les ayuda imaginar un paseo conocido, una comida familiar tranquila o una conversación agradable después de la cita.

Una revisión científica publicada en Clinical, Cosmetic and Investigational Dentistry señala que la ansiedad dental puede manejarse con estrategias psicológicas, conductuales y, en algunos casos concretos, alternativas farmacológicas adaptadas a la intensidad del miedo y a la situación clínica (Appukuttan, 2016). Esto significa que hay opciones, pero deben valorarse con criterio profesional.

6. Evita llegar con prisas

Las prisas son malas compañeras del miedo. Si llegas tarde, corriendo y con la cabeza llena de asuntos pendientes, tu cuerpo ya entra activado. Conviene reservar un margen antes y después de la cita.

Para preparar mejor el día:

  • Elige una hora realista
  • Evita encajar la visita entre compromisos tensos
  • Llega con unos minutos de margen
  • Come algo ligero si el procedimiento lo permite
  • Lleva anotadas tus dudas
  • Acude acompañado si te da seguridad.

Ir acompañado puede ayudar mucho, sobre todo en la primera visita. No hace falta que esa persona entre al gabinete si no quieres. A veces basta con saber que alguien de confianza te espera fuera.

7. No esperes a que el dolor decida por ti

Este punto es delicado, pero conviene decirlo. Cuando una persona evita la consulta durante mucho tiempo, suele acudir cuando ya hay dolor. Y cuando hay dolor, todo se vive con más urgencia, más cansancio y más ansiedad.

Una revisión preventiva suele ser más sencilla de afrontar que una visita por urgencia. No siempre se puede evitar el problema, claro está, pero cuanto antes se mira, más opciones suele haber para organizar el tratamiento con calma.

Piénsalo de esta manera: pedir cita cuando aún puedes hablar sin dolor y decidir sin presión te da más control. Esperar a que la molestia mande por ti suele reducir ese margen. No es cuestión de culpa; es cuestión de cuidarte con algo de previsión.

Primera visita al dentista si tienes miedo: qué puedes esperar

Una de las formas más útiles de calmar el miedo es saber qué ocurre en una primera visita. La mente, cuando no tiene información, rellena los huecos con escenarios exagerados. Por eso vamos a poner luz en ese momento.

La primera visita no debería sentirse como una carrera. Debería parecerse más a una toma de contacto: escuchar, revisar, ordenar prioridades y explicar. Si tienes miedo, conviene decirlo desde el principio para que el profesional adapte el ritmo.

Revisión inicial

Normalmente, la primera visita incluye una revisión de dientes, encías, mucosas, mordida y antecedentes. También pueden preguntarte por dolor, sensibilidad al frío, sangrado al cepillarte, movilidad dental, tratamientos anteriores o medicación que tomas.

El objetivo no es juzgar, sino saber en qué punto estás. Igual que un médico de familia necesita escuchar y explorar antes de indicar un tratamiento, el dentista necesita una imagen completa de la boca.

Puede haber radiografías si hacen falta. Sirven para detectar caries entre dientes, infecciones, pérdida de hueso o problemas que no se ven a simple vista. Si esto te inquieta, puedes pedir que te expliquen para qué se hace y cuánto dura.

En una revisión con miedo, puede ayudar que el profesional vaya avisando:

  • “Ahora voy a mirar las encías.”
  • “Vas a notar un poco de aire.”
  • “Esto puede estar frío.”
  • “Paramos un momento y seguimos.”
  • “De momento estamos recogiendo información.”

Son frases sencillas, pero tranquilizan mucho. La persona deja de sentirse a merced del procedimiento y empieza a entenderlo.

Conversación sobre síntomas y preocupaciones

La conversación es parte de la consulta, no es un añadido. Es el momento de explicar qué te preocupa, qué experiencias anteriores recuerdas y qué necesitas para sentirte más seguro.

Puedes contar, por ejemplo, que te asusta la anestesia, que te bloquean los sonidos, que tienes vergüenza por haber tardado años o que te cuesta estar tumbado. Todo eso ayuda a adaptar la atención.

También conviene hablar de síntomas concretos:

Comunicación en salud

Qué debes contarle a tu especialista (y por qué)

Ocultar información por miedo o vergüenza solo dificulta el diagnóstico. Mencionar estos síntomas o inquietudes ayuda al profesional a personalizar tu atención.

Síntoma o preocupación Por qué conviene comentarlo
Dolor al masticar
Puede orientar sobre caries, fisuras o inflamación interna del diente.
Sangrado de encías
Ayuda a valorar con precisión la salud periodontal y prevenir complicaciones.
Mal aliento persistente
Puede relacionarse con problemas de encías, estado de la lengua o caries ocultas.
Sensibilidad al frío
Puede indicar desgaste del esmalte, presencia de caries o retracción gingival.
Miedo a la anestesia
Permite al especialista explicar el proceso con calma antes de aplicarla.
Años sin revisión
Ayuda al equipo a planificar la revisión y los tratamientos con más calma y realismo.
Dolor al masticar
Por qué comentarlo
Puede orientar sobre caries, fisuras o inflamación interna del diente.
Sangrado de encías
Por qué comentarlo
Ayuda a valorar con precisión la salud periodontal y prevenir complicaciones.
Mal aliento persistente
Por qué comentarlo
Puede relacionarse con problemas de encías, estado de la lengua o caries ocultas.
Sensibilidad al frío
Por qué comentarlo
Puede indicar desgaste del esmalte, presencia de caries o retracción gingival.
Miedo a la anestesia
Por qué comentarlo
Permite al especialista explicar el proceso con calma antes de aplicarla.
Años sin revisión
Por qué comentarlo
Ayuda al equipo a planificar la revisión y los tratamientos con más calma y realismo.

Cuanto más clara sea la conversación, más fácil será ajustar el plan. No hace falta contarlo todo de golpe si te cuesta. Puedes llevar una nota escrita y leerla, o entregarla al profesional al empezar.

Plan de tratamiento explicado con calma

Después de la revisión, el profesional puede proponerte un plan de tratamiento. Ese plan debería explicarse con orden: qué es urgente, qué puede esperar, qué opciones existen y qué pasos vendrían después.

Un buen plan no debería sonar como una amenaza. Debería ayudarte a entender:

  • Qué problemas hay
  • Cuáles conviene tratar primero
  • Qué alternativas tienes
  • Cuántas citas podrían hacer falta
  • Qué puedes hacer en casa para mejorar
  • Qué dudas quedan pendientes.

Cuando el miedo es alto, dividir el tratamiento en fases suele ayudar. Primero se atiende lo que duele o puede empeorar, luego se avanza hacia lo restaurador y después se planifica el mantenimiento. Ese orden da tranquilidad porque evita verlo todo como una montaña imposible.

Aquí recuperamos la idea inicial: lo desconocido asusta más. Un plan bien explicado convierte una preocupación difusa en pasos concretos. Y los pasos concretos, aunque den respeto, se pueden afrontar mejor.

Qué hacer si tienes pánico al dentista

Hay personas que no sienten simples nervios, sino pánico. Les cuesta llamar, se marean al pensar en la consulta, lloran antes de entrar o cancelan repetidamente. Si te ocurre algo parecido, conviene abordarlo con más cuidado.

En estos casos, el primer objetivo no siempre es hacer un tratamiento. A veces el primer objetivo es recuperar la capacidad de acudir. Puede empezar con una llamada, una visita breve, una conversación en recepción o una cita destinada únicamente a valorar opciones.

Algunas medidas útiles son:

  • Pedir una primera cita sin tratamiento invasivo
  • Informar claramente del nivel de miedo
  • Acudir con una persona de confianza
  • Solicitar explicaciones antes de cualquier paso
  • Acordar una señal de pausa
  • Preguntar por técnicas de manejo de ansiedad disponibles
  • Consultar con un profesional de salud mental si la fobia limita mucho tu vida.

La sedación consciente puede ser una opción en determinados casos, pero debe valorarse de forma individual. No es una solución universal ni sustituye la comunicación. Sirve cuando está indicada, se realiza con seguridad y forma parte de un plan clínico adecuado.

Cómo elegir clínica si tienes miedo al dentista

Elegir bien el entorno ayuda. Una persona con miedo necesita algo más que tecnología. Necesita trato, escucha, claridad y tiempos razonables. La confianza se nota desde la primera llamada.

Antes de pedir cita, puedes fijarte en varios aspectos:

Elección de especialistas

Lo que debes buscar en un buen profesional

Más allá del currículum o las instalaciones, la calidad humana y la transparencia son los pilares que te garantizarán un tratamiento exitoso y sin sorpresas.

Aspecto a valorar Qué deberías buscar exactamente
Comunicación
Que te expliquen los diagnósticos y tratamientos con palabras sencillas, sin jerga innecesaria.
Trato
Que nunca minimicen tu miedo al procedimiento ni te hagan sentir culpable por tu salud actual.
Ritmo
Que puedan adaptar la primera visita a tus tiempos si estás nervioso, sin apresurar la consulta.
Claridad
Que el plan de tratamiento y sus costes se entiendan a la perfección antes de tomar cualquier decisión.
Cercanía
Que la ubicación y horarios te resulten lo suficientemente fáciles como para no abandonar las revisiones.
Seguimiento
Que no te abandonen al terminar; deben orientarte sobre el mantenimiento y cuidados posteriores.
Comunicación
Qué buscar
Que te expliquen con palabras sencillas.
Trato
Qué buscar
Que no minimicen tu miedo ni te hagan sentir culpable.
Ritmo
Qué buscar
Que puedan adaptar la primera visita si estás nervioso.
Claridad
Qué buscar
Que el plan se entienda antes de decidir.
Cercanía
Qué buscar
Que te resulte fácil acudir a revisiones.
Seguimiento
Qué buscar
Que te orienten sobre el mantenimiento posterior.

Cuanto más clara sea la conversación, más fácil será ajustar el plan. No hace falta contarlo todo de golpe si te cuesta. Puedes llevar una nota escrita y leerla, o entregarla al profesional al empezar.

Una clínica cercana puede facilitar que no retrases las revisiones. Si además el equipo trabaja con calma y explica cada fase, el miedo suele volverse más llevadero. La confianza no se exige; se gana con detalles pequeños y constantes.

Superar el miedo al dentista suele ser un proceso gradual. No significa dejar de sentir nervios de un día para otro. Significa aprender a manejarlos con información, comunicación y confianza. Significa poder decir “tengo miedo” sin sentir vergüenza, pedir una pausa cuando la necesites y empezar por una revisión sencilla si eso te ayuda a dar el primer paso.

Si buscas cómo superar el miedo al dentista, quédate con tres ideas: habla antes de la cita, pide que te expliquen cada paso y acuerda una señal para parar. A partir de ahí, todo se vuelve más humano. La boca se cuida mejor cuando la persona se siente respetada, escuchada y acompañada.

También puedes consultar la cínica Dental Risco, ingresado a Mi perfil de Google para ver la ubicación y los datos de contacto.

  • Clínica dental Risco
  • Calle de Juan Bravo, 61, Salamanca, 28006 Madrid
  • Teléfono: 911692159

Referencias consultadas:

  • American Dental Association. (2024). Anxiety. MouthHealthy
  • Appukuttan, D. P. (2016). Strategies to manage patients with dental anxiety and dental phobia: Literature review. Clinical, Cosmetic and Investigational Dentistry, 8, 35–50. https://doi.org/10.2147/CCIDE.S63626
  • NHS Inform Scotland. (2024). Coping with a fear of the dentist. Scotland’s National Health Information Service. https://www.nhsinform.scot/healthy-living/dental-health/visiting-the-dentist/coping-with-a-fear-of-the-dentist/
  • Folker, L., et al. (2025). Dental shame: A call for understanding and addressing the role of shame in oral health. Community Dentistry and Oral Epidemiology. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12808861/