Sanidad
Inicio BIENESTAR 5 cosas que no sabes de la anemia y deberías conocer

5 cosas que no sabes de la anemia y deberías conocer

por qué tomar hierro no siempre mejora la anemia
Comprender el origen de la anemia permite elegir un tratamiento adecuado y evitar suplementos innecesarios.

Pensar que la anemia es un problema lejano o propio de países con pocos recursos puede hacer que pases por alto síntomas bastante cotidianos. También en España puede permanecer sin detectar cuando el cansancio persistente, la falta de aire al subir unas escaleras o la dificultad para concentrarse se atribuyen al estrés. La cuestión principal es comprender por qué tomar hierro no siempre mejora la anemia: existen diferentes causas y el suplemento únicamente resulta apropiado cuando hay un déficit de hierro relacionado y correctamente valorado.

Esta confusión resulta comprensible. En muchas familias se ha transmitido la idea de que una persona cansada necesita comer lentejas o tomar hierro. La alimentación importa, por supuesto, pero una anemia requiere algo más de orden: revisar los síntomas, interpretar la analítica y estudiar qué está ocurriendo. Cuando el cansancio persiste, los resultados generan dudas o el hierro no produce la respuesta esperada, una cita con un hematólogo online puede facilitar una primera valoración especializada con flexibilidad y sin desplazamientos, aunque determinadas exploraciones puedan requerir atención presencial.

A continuación encontrarás cinco aspectos esenciales: la diferencia entre ferropenia y anemia, las causas que no responden al hierro, el impacto sobre la vida cotidiana, la adaptación de la alimentación y el ejercicio, y las circunstancias en las que conviene solicitar una valoración médica.

No toda anemia es falta de hierro

La anemia significa que la concentración de hemoglobina es inferior a la esperada, pero ese dato no revela por sí mismo la causa. Puede existir ferropenia sin anemia y también anemia sin déficit de hierro. Por eso, los suplementos deben utilizarse tras una valoración sanitaria que estudie el origen de la alteración.

Para entender por qué tomar hierro no siempre mejora la anemia, conviene separar varios conceptos que suelen mezclarse. La hemoglobina es una proteína de los glóbulos rojos encargada de transportar oxígeno. Cuando su concentración es baja, hablamos de anemia. Sin embargo, decir “hay anemia” se parece a decir “hay fiebre”: describe una situación, pero todavía no explica qué la está provocando.

La ferropenia es la disminución de las reservas de hierro del organismo. La ferritina es una proteína que ayuda a estimar esas reservas mediante una analítica. Una persona puede tener ferritina baja mientras la hemoglobina se mantiene dentro del rango esperado. Esta situación se denomina habitualmente deficiencia de hierro sin anemia.

no toda anemia es falta de hierro infografía
La ferritina y la hemoglobina aportan información diferente, por lo que ambas deben interpretarse junto con los síntomas y los antecedentes.

La anemia ferropénica aparece cuando el déficit de hierro ya afecta a la producción de hemoglobina. En ese caso, pueden encontrarse disminuidas las reservas de hierro y la hemoglobina. Aun así, el trabajo médico no acaba al detectar el déficit: también interesa averiguar por qué se ha producido.

La revisión publicada por Sholzberg y colaboradores explica que la ferropenia puede aparecer antes de que la hemoglobina descienda. Valorar únicamente el hemograma puede hacer que un déficit pase inadvertido, especialmente cuando existen cansancio persistente o menstruaciones abundantes (Sholzberg et al., 2025).

Hierro y hemoglobina · interpretación general

Diferencias entre ferropenia sin anemia, anemia ferropénica y anemia por otras causas

La ferritina y la hemoglobina aportan información diferente. Separar las reservas de hierro de la presencia de anemia ayuda a entender por qué dos resultados aparentemente parecidos pueden requerir una valoración y un tratamiento distintos.

Reservas

La ferritina orienta sobre la disponibilidad de hierro

Anemia

La hemoglobina ayuda a identificar si ya existe anemia

Interpretación

La causa determina qué evaluación y tratamiento pueden ser necesarios

Desliza horizontalmente para consultar todas las columnas.

Comparación orientativa entre reservas bajas de hierro, anemia ferropénica y anemia cuyo origen principal no es un déficit de hierro.
Situación Qué puede observarse Por qué importa
Ferropenia sin anemia Ferritina baja con hemoglobina conservada. Puede causar síntomas y estar relacionada con un problema de salud que necesita identificarse y tratarse.
Anemia ferropénica Hemoglobina y reservas de hierro bajas. Es necesario investigar el problema de salud que la está causando, como pérdidas de sangre, dificultades de absorción u otros trastornos.
Anemia por otras causas Hemoglobina baja sin déficit de hierro como origen principal. El tratamiento puede ser completamente diferente.

Qué debes saber: tener ferritina baja no significa necesariamente que la hemoglobina ya haya descendido. Del mismo modo, una hemoglobina baja no siempre se debe a falta de hierro. Diferenciar las reservas, la presencia de anemia y su posible origen evita asumir que todas las situaciones requieren el mismo enfoque.

Esta tabla es orientativa y no permite interpretar una analítica sin contexto. Los valores de referencia pueden variar, y la ferritina puede aumentar en presencia de inflamación.

Por esta razón, y aunque la ferritina aparezca dentro del rango de referencia de la analítica, puede existir un déficit de hierro. Los rangos de laboratorio son amplios y deben interpretarse junto con los síntomas, los antecedentes y el contexto clínico. En determinadas situaciones, como en personas deportistas, puede ser necesario valorar los resultados con criterios más específicos.

La guía de la Ontario Association of Medical Laboratories señala que la ferritina es uno de los principales marcadores de las reservas de hierro, aunque su interpretación puede complicarse cuando existe un proceso inflamatorio. En esas circunstancias, el profesional puede valorar otros datos, como la saturación de transferrina, junto con el hemograma y la situación clínica (Ontario Association of Medical Laboratories, 2024).

Algunas causas que pueden encontrarse detrás de una anemia son:

  • Déficit de hierro relacionado con pérdidas de sangre
  • Menstruaciones abundantes o prolongadas
  • Problemas digestivos que dificultan la absorción
  • Déficit de vitamina B12 o ácido fólico
  • Enfermedades inflamatorias o crónicas
  • Enfermedades autoinmunes
  • Alteraciones hereditarias de la hemoglobina
  • Destrucción acelerada de los glóbulos rojos
  • Alteraciones de la médula ósea que reducen la producción de células sanguíneas, como la fibrosis o su ocupación por células cancerosas.

No hace falta conocer todos estos términos para actuar con sensatez. La idea práctica es sencilla: una hemoglobina baja merece una explicación. Empezar a tomar hierro por cuenta propia no soluciona el problema de base y no siempre está indicado, ya que el hierro puede acumularse en el organismo cuando se toma sin una indicación adecuada ni seguimiento médico.

En algunas enfermedades inflamatorias, el organismo dispone de hierro almacenado, pero tiene dificultades para utilizarlo. En otros casos, la anemia puede estar relacionada con la vitamina B12, el ácido fólico, una pérdida mantenida de sangre, una enfermedad autoinmune, una alteración de los glóbulos rojos o un problema de la médula ósea. Añadir más hierro no corrige automáticamente ninguna de estas situaciones.

Ideas que conviene recordar

  • Ferritina baja y anemia no significan exactamente lo mismo
  • Una persona puede presentar ferropenia con hemoglobina conservada
  • Una hemoglobina baja no demuestra por sí sola que falte hierro
  • El diagnóstico debe relacionar analítica, síntomas y antecedentes
  • Una ferritina dentro del rango del laboratorio no descarta por sí sola un déficit de hierro, ya que debe interpretarse junto con los síntomas, la inflamación y el contexto clínico
  • El tratamiento depende del origen identificado.

La anemia puede afectar más que a tu energía

El cansancio es frecuente en la anemia, aunque también pueden aparecer menor concentración, falta de aire durante el esfuerzo, palpitaciones o peor tolerancia a la actividad. La intensidad depende de la causa, el grado y la rapidez de aparición. Estos síntomas no confirman una anemia, pero conviene consultarlos cuando persisten.

Es fácil acostumbrarse al cansancio. Una persona empieza a dormir un poco más, reduce sus actividades o acepta que le cuesta concentrarse porque tiene mucho trabajo. Poco a poco, lo que inicialmente llamaba la atención termina pareciendo normal. Ese proceso puede retrasar una consulta y mantener sin estudiar una alteración que merece atención.

La anemia reduce la capacidad de la sangre para transportar oxígeno de manera adecuada. El organismo intenta compensarlo aumentando el trabajo cardiovascular o aprovechando mejor el oxígeno disponible. Cuando la anemia aparece lentamente, estos mecanismos pueden hacer que los síntomas sean discretos durante un tiempo.

la anemia puede afectar más que a tu energía infografía
El cansancio persistente, la falta de aire o la menor concentración pueden indicar que conviene revisar la salud sanguínea.

En cambio, cuando la disminución de hemoglobina se produce con rapidez, puede haber menos margen para adaptarse. También influye el estado previo de salud. Una anemia leve puede resultar muy limitante para una persona con enfermedad cardiaca o respiratoria, mientras otra persona puede notar síntomas únicamente durante un esfuerzo intenso.

Señales que conviene comentar durante una consulta

  • Cansancio que persiste pese a descansar
  • Dificultad para concentrarte o sensación de poca claridad mental
  • Falta de aire durante actividades que antes tolerabas bien
  • Palpitaciones o percepción acelerada de los latidos
  • Mareos, debilidad o inestabilidad
  • Recuperación más lenta después del ejercicio
  • Descenso del rendimiento laboral, doméstico o deportivo.

Estas manifestaciones no son exclusivas de la anemia. También pueden relacionarse con alteraciones del sueño, problemas tiroideos, infecciones, estrés mantenido, enfermedades cardiacas, trastornos respiratorios y otras circunstancias. Por eso, la intención no es que te diagnostiques mediante una lista, sino que identifiques cambios que merece la pena explicar durante una consulta.

La concentración puede verse afectada por diversos motivos. Cuando existe anemia o un déficit importante de hierro, algunas personas describen dificultad para mantener la atención, mayor lentitud mental o necesidad de hacer más esfuerzo para completar tareas habituales. Esta sensación suele llamarse de forma coloquial “niebla mental”, aunque no constituye un diagnóstico específico.

La repercusión cotidiana puede apreciarse en actividades sencillas. Preparar la comida, acompañar a los niños al colegio, subir bolsas de la compra o mantener una conversación mientras se camina pueden requerir más esfuerzo. No siempre aparece una incapacidad evidente; a menudo se trata de una pérdida gradual de tolerancia que la persona va compensando.

Déficit de hierro · impacto cotidiano

Señales cotidianas que conviene observar cuando existe posible déficit de hierro

Algunos cambios pueden notarse en la energía, la concentración, la respiración, el ritmo cardiaco o la actividad física. Registrar cuándo aparecen y cómo evolucionan ayuda a explicar mejor la situación durante una valoración profesional.

Inicio

Anota desde cuándo notas el cambio

Contexto

Relaciona la señal con reposo, esfuerzo o tareas habituales

Evolución

Observa si mejora, se mantiene o empeora

Desliza horizontalmente para consultar todas las columnas.

Cambios que pueden notarse en distintas áreas de la vida diaria y datos útiles para describir su evolución.
Área cotidiana Qué puede notarse Qué conviene observar
Energía Cansancio persistente o necesidad de más descanso. Desde cuándo ocurre y si está empeorando.
Concentración Despistes, lentitud o menor claridad mental. Cómo afecta al trabajo, los estudios o las tareas diarias.
Respiración Falta de aire durante esfuerzos habituales. Qué actividad la provoca y cuánto tarda en mejorar.
Ritmo cardiaco Palpitaciones o sensación de latidos rápidos. Si aparece en reposo o durante el ejercicio.
Actividad física Menor resistencia y recuperación lenta. Cambios respecto al rendimiento habitual.

Qué debes saber: más que observar un síntoma aislado, conviene registrar desde cuándo aparece, qué actividad lo desencadena y cuánto afecta a la vida diaria. Esa información ayuda a describir la evolución y a relacionarla con los resultados de ferritina, hemoglobina y otras pruebas.

Resulta especialmente importante consultar cuando los síntomas son nuevos, aumentan progresivamente o interfieren con la vida diaria. También conviene valorar el caso cuando existe una analítica alterada, menstruaciones abundantes, sangrado visible, problemas digestivos o antecedentes de anemia recurrente.

El dolor en el pecho, el desmayo, la dificultad respiratoria importante, las palpitaciones persistentes o un empeoramiento rápido requieren atención sanitaria sin demora. Esta recomendación no pretende alarmar, sino distinguir los síntomas que pueden esperar una consulta programada de aquellos que necesitan una valoración más rápida.

Una forma útil de preparar la consulta

Anota durante varios días:

  • Qué síntomas aparecen
  • A qué hora son más intensos
  • Qué actividad estabas realizando
  • Cuánto tiempo tardas en recuperarte
  • Si existe sangrado menstrual, digestivo o de otro tipo
  • Qué medicamentos o suplementos estás utilizando.

Esta información puede ayudar al profesional a relacionar los síntomas con la analítica y los antecedentes. También evita que detalles importantes se olviden durante la consulta.

La nutrición y el ejercicio deben adaptarse a cada caso

La alimentación y la actividad física pueden formar parte del cuidado de una persona con anemia, pero deben ajustarse a la causa, los síntomas y la gravedad. Comer más hierro no corrige todas las anemias, y mantener entrenamientos intensos pese a mareos, palpitaciones o agotamiento puede dificultar la recuperación.

Una alimentación equilibrada contribuye a mantener una producción adecuada de células sanguíneas. Sin embargo, una dieta rica en hierro no sustituye el diagnóstico. Cuando las reservas están muy disminuidas, existen pérdidas continuadas o hay un problema de absorción, los cambios dietéticos pueden resultar insuficientes.

El hierro de los alimentos se presenta en formas distintas. El hierro de origen animal suele absorberse con mayor facilidad. El hierro presente en legumbres, verduras y otros alimentos vegetales también puede contribuir a la ingesta, aunque su absorción depende más de la combinación con otros componentes de la comida.

Esto no significa que una dieta vegetariana provoque necesariamente anemia ni que comer carne garantice unas reservas adecuadas. La situación depende de la cantidad total de hierro disponible, la absorción intestinal, las necesidades individuales, las pérdidas de sangre y la presencia de enfermedades digestivas o inflamatorias.

Aspectos que pueden influir en el aprovechamiento del hierro

  • La causa del déficit
  • La presencia de menstruaciones abundantes
  • Las pérdidas digestivas lentas
  • La enfermedad celíaca u otros problemas de absorción
  • La inflamación mantenida
  • La combinación de alimentos
  • El uso de determinados medicamentos
  • Las necesidades relacionadas con la edad, el embarazo o la actividad física.

Cuando la falta de hierro persiste, reaparece o carece de una explicación clara, puede ser necesario investigar posibles pérdidas de sangre o problemas digestivos. Las pruebas adecuadas dependen de la edad, los antecedentes y la situación clínica de cada persona (Ko et al., 2020).

Déficit de hierro · decisiones cotidianas

Enfoques prudentes ante un posible déficit de hierro o una anemia

La alimentación, los suplementos, el ejercicio y el seguimiento deben adaptarse a la causa, los síntomas y los resultados analíticos. Una medida aislada puede no resolver el problema si no se entiende primero qué está provocando el déficit.

Enfoque poco útil

Aplicar una medida aislada sin revisar la causa, los síntomas o la evolución analítica.

Enfoque prudente

Relacionar alimentación, tratamiento, actividad física y seguimiento con una valoración individual.

Desliza horizontalmente para consultar todas las columnas.

Comparación orientativa de decisiones relacionadas con la alimentación, los suplementos, el ejercicio y el seguimiento.
Aspecto Enfoque poco útil Enfoque prudente
Alimentación Limitarse a comer más hierro. Revisar la causa, la absorción y las necesidades.
Suplementos Tomarlos sin valoración sanitaria. Utilizarlos cuando estén indicados y supervisados.
Ejercicio Mantener la intensidad pese a los síntomas. Adaptar carga, descansos y recuperación.
Seguimiento Guiarse únicamente por las sensaciones. Combinar evolución clínica y controles analíticos.

Qué debes saber: mejorar la dieta puede formar parte del abordaje, pero no sustituye la investigación de la causa. Los suplementos requieren indicación y seguimiento, y la actividad física debe adaptarse cuando existen síntomas. La evolución se valora mejor combinando cómo te encuentras con los controles analíticos.

Cuando la anemia o la ferritina baja llevan tiempo afectando al bienestar, un programa integral para el tratamiento de anemia puede plantearse como una opción de acompañamiento que reúna valoración hematológica, alimentación, hábitos, ejercicio adaptado y seguimiento. Este tipo de atención debe ajustarse al diagnóstico y no sustituye las pruebas presenciales que puedan resultar necesarias. 

¿Se puede hacer ejercicio con anemia?

En muchos casos es posible mantener cierto grado de actividad, pero no existe una pauta universal. La decisión depende del nivel de hemoglobina, la causa, los síntomas, el tipo de ejercicio y el estado de salud previo.

Una persona con anemia leve y estable puede tolerar paseos o actividad moderada. Otra persona con mareos, falta de aire, palpitaciones o agotamiento desproporcionado puede necesitar reducir temporalmente la intensidad y consultar antes de continuar con entrenamientos exigentes.

No se recomienda abandonar por completo el ejercicio de manera general. El reposo absoluto también puede producir pérdida de fuerza y empeorar la tolerancia al esfuerzo. Lo razonable es adaptar la actividad y observar cómo responde el organismo.

Elementos que pueden ajustarse temporalmente

  • Intensidad del entrenamiento
  • Duración de cada sesión
  • Número de sesiones semanales
  • Tiempo de recuperación
  • Pausas entre ejercicios
  • Condiciones de calor o humedad
  • Tipo de actividad practicada.

En personas deportistas, la carga de entrenamiento, las pérdidas de hierro y los cambios temporales en la absorción pueden influir en las reservas. Cuando aparecen cansancio, falta de aire o una recuperación inusualmente lenta, conviene adaptar el esfuerzo y valorar el estado del hierro (Nolte et al., 2024).

Ejemplo práctico

Imagina que antes corrías cuarenta minutos con comodidad y ahora necesitas parar a los quince minutos por falta de aire o palpitaciones. Continuar con la misma intensidad para “no perder la forma” quizá no sea la decisión más sensata. Conviene reducir la carga, registrar los síntomas y solicitar una valoración.

La misma prudencia se aplica a una persona que realiza trabajo físico, cuida de familiares o pasa muchas horas de pie. La actividad cotidiana también supone esfuerzo. Adaptar el ritmo durante unos días no es una señal de debilidad; es una forma razonable de evitar que los síntomas se intensifiquen mientras se estudia la causa.

Respecto a los suplementos, el hecho de que puedan comprarse sin receta no significa que sean adecuados para cualquier persona. Pueden provocar molestias digestivas, interaccionar con algunos tratamientos y dificultar la interpretación del cuadro si se utilizan sin supervisión.

Antes de comenzar, suspender o modificar un suplemento de hierro, conviene consultar con un profesional sanitario. La pauta depende de la causa, la tolerancia, la respuesta analítica y las necesidades particulares.

Cuándo conviene consultar con Hematología

Conviene solicitar una valoración sanitaria cuando los síntomas persisten, la anemia reaparece, la analítica resulta difícil de interpretar o el hierro no funciona como se esperaba. Hematología puede estudiar los antecedentes, el hemograma, las reservas de hierro, las posibles pérdidas y otras causas, eligiendo las pruebas adecuadas para cada situación.

Una consulta de Hematología puede ser útil cuando la causa de la anemia no está clara, el tratamiento inicial no consigue la respuesta esperada o existen varias alteraciones en la analítica. El hematólogo es el médico especializado en las enfermedades de la sangre y puede integrar información que, vista de forma aislada, resulta difícil de interpretar.

La valoración suele comenzar con una conversación detallada. Interesa conocer cuándo aparecieron los síntomas, cómo han evolucionado, qué enfermedades previas existen y qué medicamentos o suplementos se utilizan. También pueden revisarse las características de la menstruación, la alimentación, la actividad física y los posibles síntomas digestivos.

El hemograma aporta información sobre la hemoglobina y las características de los glóbulos rojos. La ferritina ayuda a estimar las reservas de hierro. En algunas situaciones, el profesional puede solicitar otros parámetros relacionados con el transporte del hierro, la producción de células sanguíneas o posibles déficits nutricionales.

No todas las personas necesitan las mismas pruebas. Una mujer joven con menstruaciones abundantes presenta un contexto diferente al de un hombre adulto con anemia de aparición reciente. También cambia el estudio cuando existen enfermedades inflamatorias, problemas digestivos, antecedentes familiares o alteraciones mantenidas durante varios años.

Situaciones en las que conviene pedir valoración

  • Los síntomas persisten durante varias semanas
  • El cansancio está aumentando
  • La analítica muestra hemoglobina o ferritina alteradas
  • El hierro no ha producido la respuesta esperada
  • La anemia reaparece tras finalizar el tratamiento
  • Existen menstruaciones muy abundantes
  • Hay molestias digestivas, cambios intestinales o pérdida de peso no explicada
  • El ejercicio provoca mareo, falta de aire o palpitaciones desproporcionadas
  • Los resultados analíticos son difíciles de comprender
  • Hay antecedentes familiares de trastornos hematológicos.

En este contexto, puede resultar razonable considerar a la Dra. Eva Calavia, médica especialista en Hematología centrada en la anemia, cuando los síntomas persisten y se necesita una valoración diagnóstica precisa del tipo de anemia y una adaptación del estilo de vida a su intensidad. Esta mención debe entenderse como una opción profesional que valorar, sin asumir que una consulta concreta sea adecuada para todos los casos.

Qué puedes preparar antes de la consulta

  • Analíticas recientes y anteriores
  • Informes médicos relacionados
  • Una lista de los síntomas principales
  • Fecha aproximada de inicio
  • Cambios que hayas notado durante los últimos meses
  • Medicamentos y suplementos utilizados
  • Información sobre menstruaciones o pérdidas de sangre
  • Antecedentes digestivos
  • Tipo y frecuencia de actividad física
  • Informes de otras pruebas médicas ya realizadas, como endoscopias, ecografías o tomografías computarizadas (TAC)
  • Preguntas que deseas resolver.

Llevar analíticas anteriores permite observar la evolución. Una ferritina que ha descendido progresivamente puede aportar una información distinta a un resultado aislado. También es útil explicar si los síntomas comenzaron antes o después de un cambio en la alimentación, una enfermedad, una intervención, un embarazo o un aumento del entrenamiento.

Preguntas que puedes plantear

  • ¿Existe anemia, ferropenia o ambas situaciones?
  • ¿El déficit de hierro explica todos los resultados?
  • ¿Conviene investigar pérdidas de sangre?
  • ¿Puede existir un problema de absorción?
  • ¿Qué cambios en la alimentación son razonables?
  • ¿Debo adaptar temporalmente el ejercicio?
  • ¿Cuándo se repetirá la analítica?
  • ¿Qué evolución sería esperable?
  • ¿Qué síntomas requieren una consulta más rápida?

Una consulta bien preparada suele resultar más útil porque permite ordenar la información desde el principio. No hace falta llevar una interpretación propia ni conocer todos los términos médicos. Basta con aportar los datos disponibles y explicar con claridad qué ha cambiado.

Cuándo buscar atención sin esperar una consulta programada

La mayoría de las anemias pueden estudiarse de forma ordenada, sin alarmas. Sin embargo, conviene buscar atención sanitaria más rápida si aparece alguno de estos síntomas:

  • Dificultad respiratoria importante
  • Dolor o presión en el pecho
  • Desmayo
  • Palpitaciones intensas y persistentes
  • Debilidad brusca
  • Sangrado abundante
  • Empeoramiento rápido del estado general.

Estos síntomas pueden tener causas diferentes y no significan necesariamente que exista una anemia grave. Aun así, merecen una valoración pronta para descartar problemas que requieran tratamiento inmediato.

Comprender por qué tomar hierro no siempre mejora la anemia ayuda a evitar el ensayo y error. Identificar la causa permite orientar con mayor precisión el tratamiento, la alimentación, la actividad física y el seguimiento. También ayuda a establecer expectativas realistas: la recuperación depende del origen, la intensidad del déficit y el tiempo necesario para corregirlo.

Esta información es orientativa y no sustituye una valoración médica. Antes de comenzar, suspender o modificar un suplemento, una dieta, una medicación o un tratamiento, consulta con un profesional sanitario.

Referencias consultadas:

  • Ko, C. W., Siddique, S. M., Patel, A., Harris, A., Sultan, S., Altayar, O., y Falck-Ytter, Y. (2020). AGA clinical practice guidelines on the gastrointestinal evaluation of iron deficiency anemia. Gastroenterology, 159(3), 1085–1094.
  • Nolte, S., Krüger, K., Hollander, K., y Carlsohn, A. (2024). Approaches to prevent iron deficiency in athletes. German Journal of Sports Medicine, 75(5), 195–202.
  • Ontario Association of Medical Laboratories. (2024). Guidelines for the use of laboratory tests for iron deficiency (CLP 002).
  • Sholzberg, M., Hillis, C., Crowther, M., y Selby, R. (2025). Diagnosis and management of iron deficiency in females. CMAJ, 197(24), E680–E687.