Los efectos del tabaco en nuestro cerebro

Los efectos del tabaco en nuestro cerebro
Los efectos del tabaco en nuestro cerebro


Los efectos del tabaco en nuestro cerebro. La nicotina y el resto de las sustancias del tabaco afectan negativamente a varias partes del cerebro. Encender y fumarse un cigarrillo son acciones que millones de personas llevan a cabo de forma frecuente cada día.

Sin embargo, aun sabiendo que el hecho de fumar tabaco tiene una gran cantidad de efectos nocivos y perjudiciales para nuestra supervivencia.

Por otra parte, hoy la mayoría conoce la relación entre el tabaco y el cáncer de pulmón, los problemas respiratorios, el envejecimiento de nuestros tejidos o el acortamiento de la esperanza de vida. No obstante, existen otros órganos y afectaciones que no suelen ser tomados considerados por la población; y que pese a ello resultan esenciales: por ejemplo, los efectos del tabaco en el cerebro.

Tabaco y nicotina y sus efectos en el cerebro

El tabaco es un producto elaborado a partir de la planta del tabaco (Nicotiana tabacum), específicamente de sus hojas y tallo; las cuales tras picarse o cortarse son preparadas de distintas formas. Algunas son mezcladas con otras sustancias para conformar cigarrillos, tabaco de liar o para usar en pipa; y que se consume generalmente mediante la aspiración del humo de su combustión.

El primordial principio activo de tabaco, el cual le concede sus propiedades psicoactivas, es la nicotina. Esta sustancia tiene efectos activadores y estimulantes sobre el organismo; fijándose a los receptores nicotínicos de la acetilcolina de nuestro organismo.

Pese a ello con el consumo crónico y la progresiva habituación que esta sustancia genera los efectos son cada vez menos activadores y tienden a percibirse como depresores e inclusive relajantes.

De tal manera, el arraigo a la nicotina termina por generar dependencia a su adquisición por vía externa, de tal modo que poco a poco se van necesitando mayores cantidades para obtener los mismos efectos: con el paso del tiempo el fumar se hace una necesidad y se instaura el tabaquismo o dependencia a la nicotina o tabaco.

¿Cómo actúa el fumar en nuestro cerebro?

Al producirse la inhalación, la mayor parte de esta sustancia es absorbida por el fumador a través de los pulmones (y en mucha menor cantidad por las mucosas y la lengua); y tras haber sido procesada por los alvéolos y llevada a la sangre en alrededor de ocho segundos llega hasta nuestro cerebro tras haber pasado por la barrera hematoencefálica.

Una vez allí se fija en los receptores de la acetilcolina denominados nicotínicos, en los cuales genera la apertura de canales de calcio pero que imposibilita que la acetilcolina ya existente en el encéfalo pueda entrar. Ello provocará que el organismo pretenda generar mayores niveles de acetilcolina; las cuales van a provocar también la activación del dopaminérgico del sistema de recompensa cerebral.

De tal modo, la nicotina genera afectación en distintos puntos del cerebro, pero algunas de las más notables son el sistema límbico y los ganglios basales, así como la vía mesocortical y mesolímbica.

Este sistema es el causante de que el consumo de tabaco poco a poco vaya pasando a ser apetecible y fomente la adicción. La dopamina en dicha área aumenta a la par que otros componentes del tabaco bloquean la acción de la MAO que la disminuiría.

También genera una afectación en el locus coeruleus, estimulándolo y provocando un aumento en los niveles de energía a la par que contribuye a generar sensaciones de tranquilidad en situaciones de estrés.

La activación del locus coeruleus también facilita la activación y logra parecer que se produzcan aumentos en los niveles de vigilia, capacidad de concentración y la sensación de saber enfrentar las situaciones. Ahora bien, también puede generar palpitaciones mareos y problemas respiratorios.

No obstante, según el consumo se va haciendo más habitual se van viendo peores consecuencias. En primer lugar, la progresiva tolerancia a la nicotina tiene como resultado que termine por surgir una dependencia a la sustancia, inicialmente física y consecutivamente también psíquica.

Diversos estudios apuntan a que el consumo de tabaco disminuye y genera deterioro en las células nerviosas de esta parte del cerebro; y que provoca una reducción de su grosor debido a la mayor mortalidad de las fibras nerviosas.

Así que, este factor puede vincularse a una mayor probabilidad de deterioro cognitivo e incluso demencia. Se ha visto igualmente que se reduce la formación de nuevas neuronas.

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